Los semáforos peatonales dañados no son una rareza. Sin embargo, aunque representan un riesgo para cualquiera que los use, se han convertido en parte del paisaje urbano, una normalidad aceptada.
Un día nos dimos cuenta y decidimos cambiar esto.
La intervención se llevó a cabo en 40 semáforos distintos.
Nuestro objetivo era que, al ver estos signos de interrogación, la gente se cuestionara por qué algo tan básico como un semáforo peatonal no recibe la atención que merece.
¿Por qué hemos aceptado que cruzar una calle en nuestra ciudad sea una tarea tan peligrosa y confusa?
Mientras colocábamos uno de los signos de interrogación, un señor nos gritó desde lejos: “aprenda a cruzar”. Esta frase, que quizás para él fue una burla o una queja momentánea, representa una mentalidad peligrosa:
Se espera que las personas “aprendan” a cruzar en calles sin señalización o planeación adecuada, como si la seguridad vial fuera una habilidad que debemos dominar para sobrevivir.
Cruzar una calle no debería ser una tarea que nos exija ingenio o valentía, Sino una actividad segura y protegida por la infraestructura urbana. Las expresiones como “aprenda a cruzar” no solo minimizan el problema, sino que culpan a la víctima de un sistema fallido.
La seguridad de los peatones no puede depender de la capacidad para “aprender” a esquivar coches o calcular cuándo es seguro cruzar.
Es responsabilidad de las autoridades crear espacios seguros para todos, y un semáforo peatonal, es uno de los elementos clave para lograrlo.
Nuestra intervención en los semáforos de Ibagué no fue solo una protesta contra semáforos rotos, sino contra la mentalidad de que los problemas urbanos son inevitables o “normales”.
Expresiones como “aprenda a cruzar” nos recuerdan lo acostumbrados que estamos a vivir en una ciudad que no cuida a quienes caminan por sus calles.
Necesitamos una ciudad que funcione para todos.